Haber estudiado en el Irlandés fue una parte muy importante de mi vida y de mi familia. Estuve ahí desde prepri hasta sexto de prepa.
El colegio fue clave en mi formación. Me dejó tres cosas muy importantes: amigas increíbles, crecimiento personal (y en mi fe) y un drive muy fuerte académico y profesional. Participé en el PIBA y varios concursos más, ganando un par de veces y perdiendo muchas otras también, pero siempre intentando.
Después de prepa, estudié Ingeniería Industrial en la Anáhuac. Cuando me gradué de la carrera, me fui de voluntaria un semestre a Sudáfrica. Después trabajé tres años en BCG (consultoría estratégica) y me mudé a California para hacer un MBA en Berkeley. Al terminar la maestría trabajé en una startup de mental health pediátrico y ahora trabajo en operaciones de Bio+Health en Andreessen Horowitz, un fondo de VC. En mi tiempo libre soy voluntaria con una fundación que ayuda a personas en situaciones difíciles (sin casa, adicciones, etc.) a encontrar trabajo.
Mi esposo y yo vivimos en Oakland trabajando en Silicon Valley. Estamos felices viviendo acá. Trabajamos mucho, pero también vamos a mil conciertos, hikeamos, rodamos y esquiamos mucho.
Tuve mucha suerte de haber crecido en una comunidad como el Irlandés que nos impulsaba tanto a meternos a concursos académicos, a hacer proyectos difíciles, a salir de nuestra zona de confort. En el Irlandés yo nunca sentí que hubieran universidades/escuelas/trabajos que no pudiéramos alcanzar y hoy me doy cuenta la oportunidad tan privilegiada que tuvimos.
¡Gracias, papás!
¡Gracias, Irlandés!